Primero que nada… ¿Cómo se escribe? ¿Eructos? ¿Eruptos?
En fin, escribiré “eructos”.
Ahora si, la historia…
Cuando era niño viví una etapa muy frustrante. Muchos amigos míos lograban eructar de manera sonora, lo cual los convirtió en personas populares y vivieron infancias plenas. Por mi parte, me era verdaderamente imposible eructar, lo que me orilló a una obsesión que me llevaba a practicar noche y día con el fin de perfeccionar mi técnica y apantallar a todo el grupo 2B.
Practiqué hasta el cansancio, y las horas de dedicación rindieron frutos, ¡por fin fui capaz de eructar! Pero lo que no sabía es que acababa de crear un monstruo…
Como seguramente sabrán, las habilidades de los seres humanos se van desarrollando mediante la repetición, principalmente en los primeros meses de vida. A este proceso se le llama “estimulación temprana”, y tengo severas sospechas que fue lo que sucedió conmigo y los eructos. Fue tanta mi obsesión que todo el tiempo estaba buscando eructar, y cuando por fin lo conseguí lo seguí haciendo hasta el cansancio.
Entonces pasó lo inevitable…
Hasta la fecha sigo eructando cada que siento aire atorado en mi pecho. Nada me detiene, no importa donde esté. Puedo estar en una conversación relevante y soltar un eructo inconscientemente.
Aprovecho que no hay internet en la oficina para escribir estas líneas y confesar que estoy enterado de la gravedad de mi problema y solicito por este medio ayuda profesional.
Una disculpa por hacerlos perder el tiempo…





